cosas que pasaron



100521
tiraba la casa por la ventana dos días después, dentro de una propuesta de la casa encendida.
esa noche, había fiesta.
como para perdérsela...

lo que nos esperaba es indescriptible.
no era una fiesta, sino una experiencia. muy tranquila. al borde.

las puertas estrechas, y aún más estrecho el paso, justo en el hueco, con estructuras inmóviles, que te obligaban a entrar incómodo, de lado, chocando con todo, aunque no pasaba nada.
todo oscuro, artificial, exagerado, superpuesto, lleno. limpio. organizado. coherente.
era tan pequeño que casi no hablábamos entre nosotros.
silencioso. respetuoso, lento. escuchábamos ruidos -frecuencias- que hacía, colocado, en el suelo, el tal krapoola.
nos mirábamos. sonreíamos. cerrábamos los ojos. nos movíamos muy despacio de un sitio para otro. en total no creo que hubiera más de 40 metros cuadrados.
llegué a salir a la corrala (de ahí es la foto de la ventana) de camino a la calle.
un poco de aire y otra vez adentro. aún un poco más.
estuve suficiente como para asegurarme de que, efectivamente, estaba maravillosamente estimulada con la experiencia.
así de sencillo.